
Antonio Mengual (Barcelona, 1974) es uno de los dibujantes que han participado en EL ILUSIONISTA, de Sylvain Chomet, excepcional película nominada al Oscar 2011 al Mejor Largometraje de Animación. Mengual ha trabajado además en otras producciones animadas como Chico & Rita, Donkey Xote, El Cid, la Leyenda, Dragon Hillo Le jour des corneilles. En esta entrevista en exclusiva a los CINES VERDI nos desvela algunos secretos de su trabajo y experiencia en EL ILUSIONISTA.
¿Cómo entraste a formar parte del equipo de EL ILUSIONISTA? ¿Qué fue lo que más te sedujo para participar en este proyecto?
A finales de 2006 estaba acabando una producción nacional. Me enteré por aquel entonces de que estaban buscando animadores en Edimburgo (Escocia), para un proyecto fuera de lo común, un proyecto independiente en 2D (animación tradicional a lápiz), basado en el guión original del director y actor francés, Jacques Tati. Esta nueva producción iba a ser dirigida por el director Sylvain Chomet, conocido mundialmente por su anterior película Bienvenidos a Belleville. Enseguida me sentí seducido por el proyecto e hice una recopilación de algunos trabajos anteriores basados en la figura humana, enfocados hacia una animación más realista y menos caricaturizada, también incluí trabajos más personales a color- Poco después, recibí noticias de que estaban interesados en conocerme y tuve una entrevista en mi ciudad natal, Barcelona, con Paul Dutton, ayudante de dirección y supervisor de animación de EL ILUSIONISTA. En marzo de 2007 me incorporé al equipo de animadores, asentados en Edimburgo. Al llegar allí conocí a Sylvain Chomet. El primer encuentro fue agradable, estuve un mes aproximadamente haciendo algunas escenas de prueba para ver si me adaptaba bien al estilo que estaban buscando. Y así fue. Continué hasta el final de la producción, dos años después de mi llegada.
¿Cómo fue tu relación profesional con Chomet? ¿Qué personajes elaboraste y supervisaste en EL ILUSIONISTA?
Mi relación con Chomet fue cordial y amistosa en todo momento. Él siempre se mostró satisfecho con mí trabajo y ése fue uno de los factores que me ayudó a introducirme cada vez más en la película, llegando a tomar responsabilidades como supervisor de algunos personajes. El primer personaje en el que trabajé fue "el payaso". No fue un personaje que yo desarrollara desde un primer momento, pero el supervisor del payaso (un buen amigo), por motivos personales, tuvo que abandonar el proyecto. Decidieron que yo me quedara al cargo de éste, lo cual me dio la oportunidad de animar algunas escenas muy dramáticas y con mucha fuerza emocional.
Al finalizar este personaje me propusieron incorporarme al equipo de animadores de Tati. Sin duda la oferta fue interesante, pero consideré más oportuna la posibilidad de desarrollar otro personaje nuevo. Me emocionaba la idea de crear un personaje desde el principio, trabajando su diseño, su personalidad, su interpretación… más que la idea de tener que adaptarme a un estilo ya muy definido como era la animación de Tati. Sylvain aceptó y decidió que desarrollara el "chico joven". El diseño salió fluido y rápidamente, pero necesite más tiempo para definir su personalidad. En el chico participaron cuatro dibujantes a mi cargo, los cuales hicieron un muy buen trabajo.
¿Cómo fue la convivencia colectiva y el trabajo en el estudio de Django Films en Edimburgo?
El trabajo en equipo ha sido siempre muy motivador para mí. En EL ILUSIONISTA, como en algunas otras producciones, he estado rodeado de artistas con muchísimo talento. Éstos realizaban trabajos magníficos de los cuales se podía aprender muchísimo. Recuerdo que todos los viernes nos reuníamos en una pequeña sala con proyector, allí veíamos el trabajo de la semana, con resultados increíbles. Eso te hacia crecerte y esforzarte mucho más, al igual que hablar con otros animadores sobre nuestros respectivos trabajos. Me ayudaba a reflexionar algunas cosas y a enfocar las ideas de una manera más armoniosa y acorde con el estilo de la película.
¿Cómo definirías EL ILUSIONISTA? ¿Qué temas aborda?
Personalmente, definiría EL ILUSIONISTA como un viaje en el tiempo. A finales de los años 50, un viejo mago busca trabajo por Europa, en una época en la que los artitas de variedades fueron desplazados de los escenarios; vedettes, acróbatas, malabaristas, magos, ventrílocuos o payasos, entre otros, fueron despedidos y abandonados, dando paso a las primeras bandas de rock y apareciendo los primeros fans. Los productores apostaron por un negocio más rentable como eran y son las modas.
¿Cuál fue el mayor reto de la película?
Uno de los mayores retos de EL ILUSIONISTA fue terminarla manteniendo siempre el listón de la calidad al máximo. Debido a su alta calidad de realización, en todos los sentidos, la película no avanzaba todo lo rápido que el departamento de producción deseaba. Se tuvo que hacer un sobreesfuerzo, aún mayor, para no desvirtuar el resultado final y que la película avanzara más deprisa.
¿Qué tipo de animación emplea EL ILUSIONISTA? ¿Por qué se decidió contar la historia así? ¿Cuáles fueron las referencias de partida?
Desde el primer momento nos pidieron abordar la animación de una manera muy realista. En una película de animación -y más aún, si es una película apenas con diálogos-, es muy fácil sobreactuar, sin hacerlo intencionadamente. Por eso teníamos que encontrar ese punto medio, en el cual la animación magnifica la interpretación, en lugar de quedar como una simple exageración o caricaturización de una emoción o acción.
Las referencias de partida fueron todas las películas en las que trabajó Jacques Tati. Nos vimos cada una de ellas muchas veces, analizando y estudiando desde la interpretación de Tati hasta la puesta escena. También contamos con mucha documentación de trucos de magia, algunos incluso de la época. Éstos se utilizaban como referencia y los animadores encargados del personaje de Tati, los adaptaban a la personalidad y fisonomía de éste.
La película está repleta de cuidados detalles… ¿Destacarías alguno de ellos? ¿De qué estás más satisfecho, viendo el resultado final?
Destacaría muchísimas cosas. EL ILUSIONISTA es una película muy rica en detalles, algunos más visibles que otros. Por ejemplo, los efectos especiales animados también en 2D –caso del humo de los cigarrillos o los trenes-; o cómo los roqueros tocan perfectamente los acordes de sus instrumentos; o las salpicaduras de agua en la cámara en la escena de la pequeña embarcación del escocés; o el parpadeo de las bombillas; o la sensación de profundidad en algunos fondos; o la aparición de algún personaje perteneciente a proyectos anteriores de Chomet… Pero lo que no me perdería, si fuera a ver la película por primera vez, es el gag que sucede después de los créditos finales. Es una lástima porque mucha gente no lo sabe y se lo pierde.
Estoy muy satisfecho del trabajo en equipo, considero que la película esta a unos niveles altísimos de calidad. Creo que es una película que ha conseguido revivir la magia del dibujo animado en un momento difícil para el 2D. Aunque por supuesto también me gustaría destacar el trabajo en 3D, que a nivel de animación e integración, es excepcional.
Ya hace más de dos años que dejé Edimburgo. He visto la película cuatro veces, todas ellas en pantalla grande. Inexplicablemente para mí, cuanto más tiempo pasa, mejor me parece EL ILUSIONISTA.
Considero que es una película que necesita tiempo para que la gente se dé cuenta de lo grande que es y llegará a ser. Creo que cuando pasen unos años y sea tan grande como se merece, algunos espectadores se sentirán afortunados de haber podido vivir el estreno de esta película, y algunos dirán… ¡yo la vi en el cine!, concretamente en los Verdi.